Marbella Díaz Wever
Cuando señalamos a alguien con un dedo, debemos pensar que por lo menos otros tres de la misma mano nos señalan al mismo tiempo.
La fuerza de un hombre en equilibrio frente a la vida es semejante al vigor y unidad de la mano y sus cinco dedos.
El hombre es valiente cuando utiliza su mano con sabiduría al igual que sus dedos.
Cada uno de los dedos de la mano representa las áreas de una vida integrada.
Las manos básicamente fueron creadas por Dios para tocar, escribir, producir, sanar, acariciar, estrechar, dar, abrazar, por ello el sentido del tacto es uno de los más importantes dentro del proceso senso perceptivo, aunque algunos individuos eligen utilizarlas para agredir, pegar, bofetear, maltratar, robar, matar y señalar.
Señalar es juzgar es voz baja.
Aprende a usar los cinco dedos y encontrarás la justificación armónica que rige al universo y a toda la creación.
No esperemos que nuestras manos se sequen y nuestros dedos se paralicen para sentir y hacer sentir.
Necesitamos muchas manos para salir adelante, reconstruir y abandonar el letargo en que nos encontramos de esa manera fortificaremos nuestra fe y creceremos espiritualmente.
Pulgar, índice, medio, anular y meñique, cada uno cumpliendo una función y una huella indeleble en la suprema existencia de la individualidad.