Marbella Díaz Wever
Los ancestros decían CHIIITOOO…
CITT o cerrar la boca, es una palabra usada para bajar las compuertas de los labios y enrollar la lengua teniendo cuidado de lo que se dice pues en muchas familias hay información que se “guarda”, “reserva” o en fin de cuenta “excluye y oculta” como tema de conversación entre los miembros.
Situaciones íntimas que deben quedarse en el anonimato y no comentarse para que el polvo no ensucie a los integrantes de la familia o no manche el apellido porque la lucha “moral intrafamiliar” impide que sean sacados a la luz.
A esas situaciones ocultas por lo general les cae moho y van pasando de generación en generación, en algunos casos el mal olor se filtra y tiende a ser inhalado por la sociedad, a la que tanto quieren taparle la exégesis.
Los excluidos existen, sienten y padecen, tienen sangre en las venas y su realidad a veces empaña el espejo de otros.
Mary Cardona Lenis, consultora colombiana en PNL e hipnosis clínica, señala: “Todo lo que nos ocurre en la vida es por una historia de aprendizaje y las cosas que suceden sin saber el ¿por qué?, vienen por historias de familias, la cual debemos aprender para sanar”.
Pocas veces nos enseñan a conocer la historia de nuestras familias y eso que nos ocultan requiere ser destapado porque es una olla de presión que está en “ebullición inconsciente”.
Sanar el linaje es un acto de amor.
Los sujetos excluidos son aquellos de los que no se hablan, como por ejemplo: los homosexuales, bisexuales, adictos, los que se quedaron para vestir santos, estafadores, violadores, abusadores sexuales, homicidas, prostitutas, madres solteras o abandonadas, mujeres que han parido hijos de distintos hombres o que han tenido hijos de sus esposos pero hay uno coleado, hijos que han sido regalados, adoptados o que nacieron producto de una infidelidad, amores prohibidos, mujeres estériles, divorciados, enfermedades que se repiten en la familia, en fin, personas que han quedado en el olvido, porque la misma familia se ha encargado de callarlas y anularlas guardando “silencio sepulcral”.
CITT, CHIT…
Desde la cuarta generación hasta la actual se pueden arrastrar patrones comportamentales.
Debemos tomar consciencia de todo aquello que arrastramos, bien sea de padres, abuelos, bisabuelos o tatarabuelos.
Conocer nuestra historia o visitar el lugar donde nacieron nuestros antepasados nos dará una respuesta al presente que vivimos, así comprenderemos que mucho de lo que nos sucede no es nuestro sino de algún antepasado, pero que lo hemos repetido porque está en la memoria celular.
Escuchar los cuentos de la familia es importante ya que repercute como heridas en nuestros hijos convirtiéndose en lealtades familiares.
La vida nos pone un espejo para que veamos lo que reflejamos, importante entonces, el equilibrio entre el dar y recibir.
Mary Cardona Lenis, afirma: “Una de las maneras de sanar es repetir las siguientes palabras de liberación: ‘Pertenezco al clan pero este dolor no es mío, hoy lo devuelvo a quien corresponda para convertirlo en una energía positiva para el mundo’”.
Cuando yo sano, mi ascendencia y descendencia también sana.
Soltemos las amarras.
Los amo, los honro, los respeto pero me revelo.
Marbella Díaz Wever
Licda. Educación/Orientación
Locutora UCV – Articulista Opinión