jueves, abril 3, 2025
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El látigo; por Marbella Díaz Wever

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Marbella Díaz Wever

El látigo es un artefacto que se implementó en la Edad Media compuesto por una masa pesada de hierro unida a un mango más o menos largo a través de una cadena. Existen diversos tipos de látigo de acuerdo a los gustos de quien lo usa.

El primer hombre en usar uno fue Rinaldo Gandolfi, quien comentó haberlo creado a través de la crisopeya.

Esa vara de la que sale una correa, cordel o soga de cuero se emplea muchas veces para avivar, encaminar o castigar a las bestias, especialmente en el campo y en las caballerías; también se utiliza en los hogares para la “educación paleolítica de los hijos”; igualmente se emplea como juguete sexual, símbolo sadomasoquista para obtener goce y placer, iniciando con suaves caricias a nivel de los glúteos hasta dar el “duro latigazo” poniendo en práctica la imaginación morbosa ante los sonidos del “azote” salvaje.

También algunos individuos con conductas patológicas, narcisistas y psicopáticas lo utilizan para domesticar tanto a la pareja como a los hijos más débiles convirtiéndolos en seres más sumisos, sin darle posibilidad de respiro, libertad, decisiones y valoración personal.

A nivel educativo se ha empleado imaginariamente y físicamente en los estudiantes con agresiones como la palmeta de cuero y flecos, (mucho más en el pasado), en la cruel lucha de agotar a los mismos a través del “premio y castigo” considerando que a través del sometimiento triunfarán.

Mucho más allá de estos “modus operandi” hay un látigo invisible que tiene que ver con las palabras hirientes o las apreciaciones hacia al prójimo. Nunca juzgues a otros pretendiendo herirlos, pues sus cicatrices no serán de ellos sino tuyas… No te conviertas en un verdugo con espada pues con la vara que midas serás medido…

El aprendizaje así como el amor no resulta de la presión, el acoso o la persecución sino de un proceso de madurez y siembra, esto tiene que ver con la esencia de la vida.
El aire de gloria en los pasillos, las aulas educativas y el hogar se respira cuando la “descalificación” no forma parte de los objetivos ni de las estrategias.

Aquellos maestros que combinan su sapiencia, conocimiento y autoestima, logran escapar de la implementación del tétrico látigo para ver titilar el celo del alumno.
No retroceder al garrote o a los alambres de púa es la consigna de una sociedad contemporánea que quiere ver el cauce de los ríos de tinta en lugar de la inteligencia artificial.

Que el látigo quede como un cuento de camino mal contado, de esos viajeros cuenta cuentos, enterrándolo para siempre como la espada de Damocles que se cierne sobre la cerviz propiciando la luz del entendimiento en un paraíso terrenal menos agobiante lleno de farsa.

Desapareciendo el látigo, las relaciones inter e intra familiares triunfarán y el corazón volverá a latir.

Marbella Diaz Wever

Licda. Educación/Orientadora

Locutora UCV – Articulista Opinión

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