jueves, abril 3, 2025
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La mesa de los nonnos; por Marbella Díaz Wever

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Marbella Díaz Wever

¡¡¡Mamma Mia!!!

Pudiera ser el abreboca de este artículo, sobre todo cuando estas líneas están impregnadas de sabor ancestral como muestra fehaciente de que la comida es mucho más que satisfacer el sentido del gusto y la alimentación, es el deleite, el placer, el agrado y el embeleso pues los cinco sentidos se armonizan.

La memoria gustativa se refiere a todo aquello que nuestro cerebro graba inconscientemente evocando los recuerdos y sensaciones agradables en amenas tertulias y encuentros.

La cultura de la bota italiana se impregna y deleita de ricos alimentos como sinónimo de bienestar y plenitud.

La vida de los italianos gira alrededor de una buena mesa, donde “los nonnos” se encargan de transmitir de generación a generación las recetas familiares, la tradición, el sazón, la camaradería, el baile al unísono de un acordeón o piano y el buen vino.

Este artículo es una inspiración del trabajo final para el Diplomado de Alimentos y Cultura en Venezuela, Antropología de los Sabores de la UCV, del autor Dr. Iván Darío Sabatino Pizzolante, porteño, abogado en Derecho Marítimo, empedernido de la gastronomía y el quehacer culinario; quien esboza y enaltece su raza originaria con los recuerdos que impregnaron su juventud y las tradiciones familiares: “La Comensalidad a través de los encuentros familiares, y la cocina de mi infancia”.

El paladar de los italianos no es sólo un galardón para el parmesano, ellos son hijos de la pasta, del risotto, la lasagna, la pizza o la focaccia, el minestrone, y las salsas aromatizadas con especies: napole, pesto, bologna, así como de los buenos postres donde el “gelato”, la “panna cota”, el “cioccolato”, y la “nocciola”, se unen para dar origen a otras exquisiteces.

El trabajo del Dr. Iván D. Sabatino está inspirado en sus recuerdos de infancia, específicamente en dos fechas memorables, dos almuerzos emblemáticos que se celebraban: 1) el día de Navidad y, 2) el día de Pascua.

La comensalidad es la hospitalidad que subyace en el hecho de comer juntos, abrazarse, reírse y compartir la mesa dejando en los comensales una reminiscencia y ejemplo para los “bambinos” del mañana.

El autor recrea en este trabajo las escenas donde entre líneas deja constancia el rebrote de un ayer en el que sus nonnos embarcaron desde diferentes puertos de la bota italiana hasta llegar a Venezuela anclando en la costa del litoral carabobeño: Puerto Cabello.

Un formato culinario que dibuja y define el significado de los “almuerzos” (como plato fuerte) en el manto de una familia de raíces europeas (Italia), cuyo nombre deriva del idioma osco, del término Viteliú (la tierra del ganado joven), y el simbolismo trascendental a nivel familiar y social como medio de transmisión de valores, afectos y creencias.

Cita el autor: “Representa un tributo a los antepasados venidos de Italia y llegados a principios del siglo pasado, procedentes de Vallpelline, Valle d’Aosta por la rama paterna (Sabatino) y de Roccagloriosa, Salerno, por la rama materna (Pizzolante), para sembrarse en el “pedacito de cielo” y dar fruto a las nuevas generaciones”.

La mesa es el altar donde los comensales degustan, comen y beben pero también donde se inculcan los valores sazonados propios de una familia así como las normas de educación.

Apunta el autor: “Las preparaciones de las comidas de Navidad y el Domingo de Resurrección, conllevaban un esmero trabajo y planificación, dirigida por mi nonna María, junto a Tía Lulú, Tía Nelly y mi mamá ( Ana Teresa), asignando las tareas a realizar, definiendo los menús según la fecha y ordenando la compra de los ingredientes para las elaboraciones”.

EL ALMUERZO DE NAVIDAD:

“De la celebración de Navidad, nuestros recuerdos están signados por la presencia del nonno Antonio encabezando la mesa como ‘Capo di Familia’, junto a sus nietos y demás familia, disfrutando del encuentro con su destellante mirada de ojos azules. Luego del almuerzo y escuchada seguidamente las amorosas palabras del nonno, todos los nietos hacíamos fila de menor a mayor, para darle el beso en la frente y recibir siempre el esperado sobrecito de aguinaldo en efectivo, estipulado según la edad. Como corolario del encuentro familiar, se iniciaba luego la velada musical dirigida por tío Ítalo al piano, entonando todos al unísono canciones napolitanas, como “Torna a sorrento”, “Oh, Marie”, “O sole mio”, “Funiculi funiculá”, finalizando con “Puerto Cabello”, “Motivos” y “Volví a Soñar”.

EL ALMUERZO DE PASCUA:

“El Domingo de Resurrección, era el encuentro familiar de mayor trascendencia y valor espiritual en nuestra familia, en donde compartíamos plenos de afectos y de simbolismos el ‘Almuerzo de Pascua’ o ‘Pranzo di Pasqua’, en la casa materna de los nonnos, en la casona de la calle Sucre. El momento de mayor simbolismo y tradición familiar era el ‘baciamano’, el besarle la mano al nonno Pizzolante, con reverencial inclinación, expresión de respeto y agradecimiento, haciendo toda la familia fila sin distingo de edades, de mayor a menor, para tan hermoso e imperecedero momento”.

“El origen del ‘baciamano’ como tradición en nuestra familia, lo conocemos por un hermoso relato del tío Ítalo, publicado en el ‘Roccagloriosa Time’, órgano divulgativo familiar, creado por nuestra inolvidable María, editado para esta fecha Pascual….

Sobre el ‘baciamano’, tío Ítalo nos cuenta: ‘…No sé si en Italia de dónde venimos, se celebra todavía esta fecha con ese calor y afecto que los viejos Antonio y María nos transmitieron, y al mismo tiempo nos los inculcaron’”.

“La cocina de mi casa resultaba variada, era expresión del encuentro de la cocina italiana de mis orígenes, con nuestra cocina venezolana, era, y sigue siendo también expresión nuestra del ‘mestizaje culinario’. El primer plato podía estar conformado por una sopa de res o hervido de gallina, o unas azucaradas caraotas, o sopa de caraotas; los espaguetis en salsa napóles con generosos trozos de carnes, o a la vóngole eran de sabores sublimes; las pastas con anchoas o con ajo requemado, inolvidables”.

“El segundo plato, o seco, podía ser unas sazonadas y gustosas albóndigas; carne mechada o molida, perfumadas en comino; asado negro salido de aquel caldero curtido por el fuego y el tiempo; o los exquisitos envoltinis; o la lengua a la vinagreta, hígado encebollado, o los sesos con ajo y perejil. De los postres generalmente eran criollos, dulce de lechosa, buñuelos de yuca, torta de queso, torta de plátano”.

No hay duda que el italiano hace del comer un arte, tema de conversación y familiaridad.

Rafael Cartay, venezolano, economista, historiador, escritor de obras dedicadas a la gastronomía, señala: “La comida es un alimento que se torna familiar, definidor del carácter, de identidad social, constructor de colectividad, lo universal (el alimento) se transforma en particular (la comida), el paso del alimento a la comida es un acto de amor”.

La mesa de los nonnos enaltece las raíces ancestrales.

Celebramos la admisión del Dr. Iván Darío Sabatino como Miembro Titular de la Academia Venezolana de Gastronomía.

ENHORABUENA al son de la Tarantela.

Marbella Díaz Wever

Licda. Educación/Orientadora

Locutora UCV – Articulista Opinión RadioWTC

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